¿Y si hago una TED TALK? Fue lo que me pregunté hace unas 2 semanas, cuando me di cuenta de que TED iba a hacer nuevamente una edición en mi ciudad.
No fue una decisión planeada conscientemente, preparada y potente. Fue literalmente en cuestión de minutos; vi una publicación de Instagram, accedí al link, miré el formulario, pausé, pensé y luego dije: “voy a hacerlo”. Fue más bien una idea que apareció de la nada, pero en el fondo llevaba mucho tiempo queriendo hacerlo. Como esas cosas que sabes que quieres hacer, pero siempre dejas para “después” o simplemente no te imaginas que algún día se te presente la oportunidad.
Sin embargo, siendo la persona impulsiva que soy, no lo dejé pasar. Puede que muchos lo vean como algo loco, y entiendo por qué. De hecho, mi hermano fue el primero en aterrizarme… o criticarme, tal vez: me dijo que eso no era cualquier cosa, que esas decisiones no se hacen de un momento a otro sin pensar.
Y sí tenía razón, pero cuando estoy determinada a hacer algo y se me presenta un “obstáculo”, lo que me queda no es el miedo, sino las ganas y la determinación para esforzarme por las cosas que quiero hacer.
“Tomarme en serio esto” no significaba esperar a tener ahora mismo la charla perfecta, significaba atreverme a hacerlo ahora, incluso cuando menos parece posible.
Así que en unos minutos abrí y llené el formulario. No porque no me importara lo suficiente, sino porque esa idea siempre había estado en mi cabeza. No fue cuestión de inventar, fue sacar el mayor potencial dentro de mí y decirme a alzar la voz por todos esos que a veces no creen en el potencial de sus ideas.
Y aunque no diré qué tema mandé para mi charla, puedo decir que esa idea no se ve tan fácil, porque cuestiona e incomoda a la gente, los hace pensar cosas que ya daban por hechas, porque solamente tengo 17 años y creen que no sé lo suficiente. Pero todas mis experiencias de vida me han enseñado algo: muchas veces no hacemos cosas no porque no podamos, sino porque asumimos que no son para nosotros.
Hay escenarios que vemos tan lejos que ni siquiera se nos cruza la idea de pararnos ahí. Hay océanos tan profundos que pensar en cómo se ve el fondo suena absurdo. Nos ponemos límites antes de intentar las cosas, como si alguien ya hubiera decidido por nosotros.
Pero, ¿y si no?
¿Y si sí puedo?
¿Y si lo que quiero hacer sí es para mí?
¿Y si dejo de esperar a sentirme lista y simplemente empiezo?
No tengo idea alguna de si me vayan a escoger o si ese escenario sea para mí, pero ya no quiero seguir descartando posibilidades antes de darme la oportunidad de intentar las cosas.
Porque a veces todo empieza con una pregunta que suena tan absurda como:
“¿Y si hago una TED Talk?”

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