Mi camino personal ha sido moldeado por dos constantes que han definido quién soy y la manera en la que me acerco a los demás: la dificultad y el servicio.Toda la vida he aprendido y crecido a través de la dificultad, y he aprendido a responder a esa dificultad a traves del servicio
El sentido de comunidad siempre ha movido cada parte de mis huesos. Pero la comunidad no se construye sola; se construye con presencia, con compasión, con la decisión —y la pasión— de pararse al lado de quienes no se sienten vistos.
Desde muy pequeña tuve que aprender lo que significa cargar más de lo que debería, especialmente un peso silencioso del que nadie sabía. Mi hogar me obligó a madurar desde muy pequeña, pero fue en la fe donde redescubrí mi dignidad, mi propósito y mi sentido.
Esa experiencia más tarde me inspiró a escribir una historia corta titulada “Volver a Él”, sobre una joven que descubre que la voz que había ignorado era la suya y, a través de ella, también había ignorado el amor de Dios. Escribir esa historia me llevó de regreso a mí misma. La fe y la escritura se entrelazaron para enseñarme que sanar no es escapar del peso, sino aprender a sostenerlo con otros.
Dentro de mi comunidad entendí que incluso en la responsabilidad se puede sanar. Que acompañar a quienes navegan sus miedos puede ayudarme a enfrentar los míos. Que ayudar a otros a vencer inseguridades es también una forma de vencer las propias.
Y lo más único de todo es que nunca se trató de dar consejos. Se trató del arte de estar. De escuchar sin juzgar. De hacerles saber que cada parte de mí escucha cada parte de ellos que se siente oculta.
Creo firmemente que Dios tiene una misión para cada lugar y cada persona. Y dondequiera que esté, aspiro a ser alguien que escucha, que permanece, que sirve. Porque es a través de la fe y la compasión que ocurre la transformación interior más profunda , esa que ninguna teoría puede enseñar, pero que cambia una vida para siempre.


Leave a Reply